domingo, 2 de diciembre de 2012

LA "IGNORANCIA DE LA SALUD" UNICA Y VERDADERA CAUSA DE TODAS LAS ENFERMEDADES





LA CIENCIA DE LA SALUD
MANUEL LEZAETA ACHARAN

“¿Tener buena salud consideráis
el mayor bien sobre la tierra ?... Digo que no,
la felicidad está en saber conservarse sano.”
Padre Tadeo

En el camino del progreso, que es la salud, existen por lo menos tres etapas:
1. conocer la verdad; 2. comprenderla y 3. realizarla.

                Para alcanzar la meta gloriosa de la Salud es necesario conocer las leyes naturales, comprenderlas y aplicarlas de manera adecuada. La Sabiduría está en la Naturaleza y no en el laboratorio. Para ser sabio de verdad es preciso observar la obra del Creador – vale decir la Naturaleza-, practicar sus leyes inmutables y adquirir la suficiente experiencia personal.
                El laboratorio sólo forma sabiduría convencional, sabios de laboratorio, que jamás poseerán la ciencia que hay detrás de la felicidad de los seres irracionales que viven con salud sin más guía que su instinto.
                La Salud vale más que la vida porque ésta sin aquella no vale la pena. La “ignorancia de la Salud” es la única y verdadera causa de todas las enfermedades.
                La escuela enseña al niño y al joven muchos conocimientos considerados indispensables para asegurar el éxito en la vida. Sin embargo, no les enseñan los medios para guiar y cuidar el delicado organismo que el Creador ha puesto a disposición de cada hombre para que cumpla con su destino moral y físico.
                Si para emprender un largo, penoso y accidentado viaje le entregamos a un inexperto viajero un magnifico automóvil, sin enseñarle antes cómo debe manejarlo y cuidarlo para evitar descomposturas y accidentes, ni los medios adecuados para restablecer su funcionamiento normal, estaremos de acuerdo en que sólo de milagro llegara el fin de su jornada y que ésta será un calvario que no se aliviará por muchos mecánicos que encuentre en su camino, siempre dispuestos a realizar las composturas necesarias a cambio del pago de sus servicios.
               
                El hombre, en su ignorancia, hasta a Dios hace responsable de sus desdichas. Enfermamos no por obra o fuerza extraña, sino por nuestros propios errores de vida. La salud no se obtiene con médicos ni drogas, sino con nuestros actos de cada día. De aquí que la voluntad del enfermo es el primer agente de salud.
El objetivo es aprender y enseñar, enseñar y aprender  la ciencia de vivir sanos de cuerpo y alma, buscando las fuentes de esta felicidad en el generoso regazo de la Madre Naturaleza.

                Las mismas leyes que fijan la órbita de los astros, que señalan las estaciones del año y que dirigen la vida del reino animal desde elefante hasta el más pequeño microorganismo, estas mismas leyes que designamos con el nombre de Ley Natural, rigen también la vida del hombre.
Pero esta ley que es observada por todos los seres creados es continuamente transgredida por el hombre ignorante y rebelde.
                  La Ley Natural es la voluntad del Creador que impone a la criatura una norma para cumplir su destino moral o físico. Es norma de virtud y de salud, de aquí que el hombre sano es bueno y el hombre enfermo sólo con gran violencia sobre sus inclinaciones morbosas puede dejar de ser malo.
La vida del hombre civilizado, con su instinto perdido y su ignorancia de los mandatos de la Ley Natural, se desarrolla sin más guía que el espíritu de imitación de los errores ajenos o el propio capricho. El hombre, abusando de su libre albedrío, continuamente contraviene la Ley Natural, llevando como sanción una vida de dolencias que termina por lo general con una muerte prematura y dolorosa.
               
                La Ley Natural ha fijado la duración de la vida de los mamíferos en un período que representa seis o siete veces el de su desarrollo, así un caballo que demora cinco años en desarrollarse, normalmente debe vivir 30 a 35 años, y el hombre, que demora 25 años en completar su desarrollo, debería alcanzar una vida de 150 años o más. Sin embargo, los casos de longevidad son cada día más raros y la vida media suele estar alrededor de los 60 años.
               
                El individuo sano siente su propia felicidad sin necesidad de artificios, es fuente de bienestar del cual participa su familia y aun alcanza a sus conciudadanos. El hombre enfermo es motivo de desgracia para cuantos lo rodean y para la sociedad en que vive, necesitando de goces artificiales que se compran para distraer su existencia.
               
                El hombre sano vive satisfecho de su suerte, porque todo lo tiene con la salud y, consciente de su destino, no conoce las rivalidades ni la envidia. El hombre enfermo siente su inferioridad y odia al que no está en malas condiciones como él.
               
                No olvidemos que la salud no se obtiene en la consulta del médico ni se compra en el mostrador de la farmacia. En las nuevas generaciones está el porvenir. Corresponde, pues, encaminar a la juventud hacia la salud que sólo puede obtenerse cumpliendo la Ley Natural.

"LA CIENCIA DE LA SALUD DEBE SER ENSEÑADA EN LA ESCUELA CON LAS PRIMERAS LETRAS PARA QUE EL NIÑO APRENDA A DIRIGIR SUS PASOS EN LA VIDA EN SU PROPIO BENEFICIO Y EL DE SUS SEMEJANTES"

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